El concurso plantea la investigación en el campo de la vivienda social para el nuevo siglo que acabamos de estrenar. Los profundos cambios que ha sufrido la estructura familiar, la mayor concienciación en materia medioambiental y los avances que propician las nuevas tecnologías nos obligan a replantear los parámetros empleados en el diseño y la construcción de las viviendas sociales.
Corresponde además a las Administraciones públicas liderar este proceso y propiciar esta reflexión y la adopción de modelos que garanticen la mayor calidad, la flexibilidad que demandan esos cambios en la estructura familiar y laboral (teletrabajo, mayor movilidad), y la apuesta por que el proceso constructivo, que requiere el uso de muchos recursos, se realice de forma sostenible. Por lo tanto, han sido estos principios, flexibilidad, sostenibilidad y calidad los que han guiado nuestra propuesta.